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	<title type="text">Life In Pics</title>
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		<author>
			<name>Mechi Manrique</name>
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		<title type="html"><![CDATA[CARTA A PAPÁ NOEL]]></title>
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		<summary type="html"><![CDATA[Querido Santa, hace años que no te escribo, creo que desde el 95. Es que en todo este tiempo pasaron las ilusiones y las desilusiones, como aquella tarde de diciembre en que mis hermanos mayores me dijeron, en secreto y al oído, que no existías. Esa Noche Buena, cuando apareciste riéndote un poco acalorado y te sentaste en el sillón vintage de una casa alquilada en Miramar, te miré bien las manos y descubrí que tenías anillo de casado, y que se parecían mucho a las manos de mi papá. Después, mientras todos los demás hacían escándalo por tu presencia, yo te miré bien los ojos y cuando cruzamos miradas lo confirmé: Papá Noel es papá. Mi papá. Después de eso me desilusioné un montón de veces más pero un día tuve un hijo y me volví a ilusionar. Y volví a creer en vos. Bueno, él hizo que tuviera ganas de volver a creerte. Entonces compré un arbolito &#8211; medio petiso pero digno, eh- y lo armamos. A partir de ahí, las Navidades tuvieron color otra vez. Recobraron su ilusión, su magia y su fantasía. Hace un par de años que por esta época sos el centro de mis [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/carta-a-papa-noel/"><![CDATA[<p>Querido Santa, hace años que no te escribo, creo que desde el 95. Es que en todo este tiempo pasaron las ilusiones y las desilusiones, como aquella tarde de diciembre en que mis hermanos mayores me dijeron, en secreto y al oído, que no existías. Esa Noche Buena, cuando apareciste riéndote un poco acalorado y te sentaste en el sillón vintage de una casa alquilada en Miramar, te miré bien las manos y descubrí que tenías anillo de casado, y que se parecían mucho a las manos de mi papá. Después, mientras todos los demás hacían escándalo por tu presencia, yo te miré bien los ojos y cuando cruzamos miradas lo confirmé: Papá Noel es papá. Mi papá.</p><p>Después de eso me desilusioné un montón de veces más pero un día tuve un hijo y me volví a ilusionar. Y volví a creer en vos. Bueno, él hizo que tuviera ganas de volver a creerte. Entonces compré un arbolito &#8211; medio petiso pero digno, eh- y lo armamos. A partir de ahí,  las Navidades tuvieron color otra vez. Recobraron su ilusión, su magia y su fantasía. Hace un par de años que por esta época sos el centro de mis conversaciones con mis hijos. Ellos de verdad creen en esa historia que incluye una casita en el Polo Norte desde la cual trabajás duro leyendo miles de cartas con errores de ortografía y pedidos complicados. Como una careta de T-Rex con sangre en la boca porque acaba de luchar con un Triceratops. No sé cómo vas a conseguir eso, pero mi hijo del medio lo espera. Creen en que un grupo de renos voladores y copados, con Rudolph a la cabeza, te llevan a volar por el mundo repartiendo regalos. Creen en que estacionás tu trineo en el techo y que te tirás por la chimenea. En casa están preocupados porque no tenemos chimenea, pero ya les dije que vos te las arreglás bien y que seguro encontrás una ventana entreabierta para poder entrar. Creen en tu risa y en tu barba blanca. Entonces yo creo con ellos y vivo estos días con su misma esperanza. Qué maravilla que los hijos no inviten a volver a creer. </p><p>Pensé que era oportuno escribirte mi propia carta, teniendo en cuenta que sobreviví a este año en el que pude combinar trabajo y maternidad de tres, sin desmayarme en el camino. Creo haberlo hecho bien. Les conté un cuento 320 de las 365 noches que tuvo el año. Muchas de esas veces fueron cuentos inventados por mí. Espero que sepas valorar el esfuerzo. Perdí la paciencia muchas veces, ok, pero entiendo que eso es parte del juego. Ahora parece que las madres no podemos salirnos de las casillas pero la realidad es que las madres se salen de las casillas, de vez en cuando. Me senté a jugar un rato cada día, aún sin tener ganas, pero ellos no se dieron cuenta de eso. Cuando mi hijo me dibujó la pared con una familia de dinosaurios, pude respirar hondo y en tres segundos decidir que era mejor preguntarle qué había pasado, que enfurecer. Eso es un montón, ¿o no? Además, no dormí de corrido en todo el año así que creo que me merezco algunas cositas&#8230;</p><p>Quisiera que me traigas algunos regalos por anticipado para atravesar estos días con niños en vacaciones. Paciencia, imaginación y una cintura nueva. La mía de nacimiento está destruida. Necesitaría, también, que mis hijos se despierten a las 8 y no a las 6.59, así me da tiempo a tomar un café en la cocina. Sola. Si puedo comerme una tostada entera antes de que aparezcan, mejor. Si no es mucha molestia, me vendría bárbaro un paquete lleno de energía para seguir haciendo upa y una bolsa colapsada de buen humor. También te pido, por favor, que en estos días sofocantes no se me rompa el aire acondicionado como me pasó el año pasado en esta época, cuando estaba en pleno romance meloso y pegoteado y turbulento y hormonal con mi bebé recién nacido. </p><p>Espero que no te parezcan desubicados mis pedidos. Yo creo que estuve muy recatada. Lo de la careta ensangrentada es mucho más difícil. </p><p>Te espero ansiosa, </p><p>Mechi</p>]]></content>
		
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			<name>Mechi Manrique</name>
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		<title type="html"><![CDATA[Ay, diciembre]]></title>
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		<updated>2019-12-10T18:50:11Z</updated>
		<published>2019-12-03T18:20:58Z</published>
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		<summary type="html"><![CDATA[Diciembre es onomatopeya. Es ay, pero también es uff, uy, ey, oh, jojojo y chin chin. En diciembre me duele el bolsillo y la cintura, camino y me tropiezo con mi propio cansancio y con todo aquello que dije que iba a hacer y no hice. Es fin y comienzo. Es caos y también noche de paz, noche de amor. Diciembre es calor soporífero y medias colgadas de las chimeneas y de las puertas. Los villancicos compiten con la canción del verano que en cualquier momento entra en escena y no la parás de cantar hasta junio. Además, este último mes del año anuncia el fin de una década; y también tiene el 10 de diciembre, para pesar de algunos y alegría de otros. Es que diciembre es eso, pesar y alegría. Y acá es donde entro, con una nueva rebelión&#8230; Son 31 días pero parecen mil. La gente ya no camina, corre. En la calle no hay encuentro de miradas, todos ensimismados como si diciembre fuera un monstruo que nos corre de atrás. La sensación es que si te agarra te come. Te pasa por encima. Pobre diciembre eh, tiene mucho peso. La agenda cobra vida propia y los [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/ay-diciembre/"><![CDATA[<p>Diciembre es onomatopeya. Es ay, pero también es uff, uy, ey, oh, jojojo y chin chin. En diciembre me duele el bolsillo y la cintura, camino y me tropiezo con mi propio cansancio y con todo aquello que dije que iba a hacer y no hice. Es fin y comienzo. Es caos y también noche de paz, noche de amor. Diciembre es calor soporífero y medias colgadas de las chimeneas y de las puertas. Los villancicos compiten con la canción del verano que en cualquier momento entra en escena y no la parás de cantar hasta junio. Además, este último mes del año anuncia el fin de una década; y también tiene el 10 de diciembre, para pesar de algunos y alegría de otros. Es que diciembre es eso, pesar y alegría. Y acá es donde entro, con una nueva rebelión&#8230;</p><span id="more-2364"></span><p>Son 31 días pero parecen mil. La gente ya no camina, corre. En la calle no hay encuentro de miradas, todos ensimismados como si diciembre fuera un monstruo que nos corre de atrás. La sensación es que si te agarra te come. Te pasa por encima. Pobre diciembre eh, tiene mucho peso. La agenda cobra vida propia y los grupos de whatasapp también. No te alcanzan las noches del mes para todos los encuentros, las celebraciones, los adioses. Diciembre es colonia de vacaciones, 40 grados y malabares. Lo empezamos entre disfraces de actos escolares y lo terminamos vestidas de blanco con bombacha rosa y una copa en la mano. </p><p>Este diciembre propongo rebelarnos:</p><p>-No hace falta leer y contestar todas las conversaciones de whatasapp, ni encontrarse con todos a los que les dijiste «veamonos antes de fin de año». No, si no se ven no pasa nada. </p><p>-El árbol de Navidad se puede armar cualquier día, nadie se va a dar cuenta si en vez del 8 lo hacés cuando podés. El 14, si querés. O el 24 a la tarde. Después -total- puede quedar de pie hasta Semana Santa. </p><p>-Es imposible comprar regalos para todos así que se resuelve con un regio amigo invisible. Es mejor regalar con intención en vez de comprar regalos en serie en el maxikiosco de la esquina.</p><p>-Egosimo saludable es cuando en cierto punto de la vida -y del año- uno decide hacer lo que se le cante y pasar las Fiestas con quien se le cante en el lugar que se le cante. Si no querés llegar a las 12 porque no se te canta, también es válido. </p><p>-Muerte a las tradiciones con las que no nos sentimos a gusto. Muerte al pan dulce con frutas abrillantadas y turrones que rompen dientes. Si no querés vestirte de blanco te vestís del color que se te antoja. Diciembre es muy caro y muy intenso como para meterse una tarea más: la de salir corriendo a comprar vestidos blancos y bombachas rosas. Te ponés la bombacha que menos te marque y punto.</p><p>-No es tan importante si hay vitel toné o milanesas, ni si se brinda con sidra o champagne. Yo este año quiero brindar con clericó. ¿Y?</p><p>Te deseo un diciembre en el que te animes a hacer un poco más lo que querés y no tanto lo que debés. Que los mandatos y las tradiciones te pasen por el costado si así lo deseás. Y si se puede estirar esto al resto de los meses, brutal. Esta es -para mí, la única manera de que diciembre no sea ay! y sea oh, sí!</p><p></p>]]></content>
		
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		<title type="html"><![CDATA[CUANDO LOS HIJOS DUERMEN]]></title>
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		<updated>2019-11-26T18:16:40Z</updated>
		<published>2019-11-26T17:38:16Z</published>
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		<summary type="html"><![CDATA[No creo que haya madre que no se acerque al cuarto de sus hijos para mirarlos, taparlos, acomodarles la almohada, levantarles el brazo que cuelga, bajarles la remera del pj, cerrar bien la cortina para que no amanezcan antes que el sol y darles el último beso de buenas noches, antes de -por fin- dar por cerrado el día. Me cuesta desplomarme en la cama y sentir esa adrenalina dulce y exhausta que me provoca esta escena épica, sin antes despedirlos en la oscuridad de la noche. Aunque ellos, que duermen plácidos y serenos, ni se enteren. ¿O sí? Sospecho que sí, que mi presencia sigilosa y mi beso en sus frentes, se siente aunque no lo sepan. Y entonces, cuando al final del día voy en puntas de pie con la mirada fija en el piso para no patear ningún juguete musical &#8211; siempre hay algo que queda abandonado en el camino y que entorpece mis pasos, ayer fue Jessie, que empezó a gritar cuando le pisé su panza- y los veo con sus ojos entregados, los sueños bailando en sus entrecejos amodorrados y sus músculos dóciles. Es ahí, cuando el silencio se codea con algún ronquido profundo, que [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/cuando-los-hijos-duermen/"><![CDATA[<p>No creo que haya madre que no se acerque al cuarto de sus hijos para mirarlos, taparlos, acomodarles la almohada, levantarles el brazo que cuelga, bajarles la remera del pj, cerrar bien la cortina para que no amanezcan antes que el sol y darles el último beso de buenas noches, antes de -por fin- dar por cerrado el día. Me cuesta desplomarme en la cama y sentir esa adrenalina dulce y exhausta que me provoca esta escena épica, sin antes despedirlos en la oscuridad de la noche. Aunque ellos, que duermen plácidos y serenos, ni se enteren. ¿O sí? Sospecho que sí, que mi presencia sigilosa y mi beso en sus frentes, se siente aunque no lo sepan. </p><p>Y entonces, cuando al final del día voy en puntas de pie con la mirada fija en el piso para no patear ningún juguete musical &#8211; siempre hay algo que queda abandonado en el camino y que entorpece mis pasos, ayer fue Jessie, que empezó a gritar cuando le pisé su panza- y los veo con sus ojos entregados, los sueños bailando en sus entrecejos amodorrados y sus músculos dóciles. Es ahí, cuando el silencio se codea con algún ronquido profundo, que los veo. Los veo de verdad. Me veo. </p><p>Baja la guardia y también bajan los hombros, que vuelven a su lugar de origen después de horas de tenelos en tensión sin darnos cuenta. El estado de alerta cede el espacio hacia otro estado más amable, una fusión poderosa que combina contemplación y agradecimiento. Allí, en sus aposentos seguros y en su respiración lánguida, el drama pierde contundencia y el eje corrido se acomoda. Las catástrofes &#8211; como ese vaso que volcó sobre su plato recién servido- se desinflan, las mandíbulas se aflojan, los dedos indices se ablandan, los ceños se alisan. La culpa quiere rasguñarte. A veces lo lo logra, otras le ganás de mano y le corrés la cara. En ese momento la calma me abre bien los ojos y los veo niños, veo que nada de lo que hacen «me lo hacen», me arrepiento -una vez más- de esa paciencia que a veces se me escapa.</p><p>Cuando los hijos duermen el huracán de libertad compite con otro en donde vuelan dudas, preguntas, culpas, reclamos. Se te aparece de frente una dicotomía contradictoria. No te dan las piernas para bañarte-depilarte-cortarte las uñas-pintártelas- limpiarte la cara- charlar con tu marido- comerte un chocolate a solas en medio de una cocina oscura (oh, sí) -terminar trabajo- contestar mensajes- prender la tele- chequear que el gas haya quedado apagado- pero a la vez querés quedarte un rato más mirándolos dormir. ¿Qué es lo que se nos despierta cuando los vemos dormir? </p><p> Cuando los hijos duermen, la luz del pasillo que queda prendida, los juguetes que también duermen pero en el piso y sus pj´s de superhéroes, me recuerdan que esta casa huele a infancia y que vale la pena bailar el baile con swing y alegría, aún con vasos volcados y amaneceres -siempre- antes que el sol. </p>]]></content>
		
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			<name>Mechi Manrique</name>
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		<title type="html"><![CDATA[LA REBELIÓN DE LAS MADRES]]></title>
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		<updated>2019-11-26T17:40:41Z</updated>
		<published>2019-11-19T17:56:00Z</published>
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		<summary type="html"><![CDATA[Madres, aquella especie de ser humano que se parte al medio para parir a otro ser humano, que sopla sus velitas sobre alfajores improvisados y que se autocompra sus regalos de cumpleaños y de Navidad, y que sabe muy bien cómo poner cara de sorprendida sin siquiera haberlo practicado. Madres, aquellas con la ventaja biológica de gestar pero que también pueden cumplir su rol aún sin haber cargado vida en sus entrañas. Las que se posponen y procrastinan priorizando necesidades ajenas, las que trabajan con una mano y hacen dormir a un bebé con la otra, las que se despiertan de madrugada porque en la oscuridad de la noche los niños siempre llaman a sus madres aunque pudieran llamar a sus padres. ¿Por qué? ¿Eh? Hoy propongo una rebelión, justa, necesaria, a tiempo: la de las madres. La rebelión de las madres es una revuelta pacífica sin banderas ni pañuelos de colores que tiene como fin último que las madres se prioricen pero sin sentir culpa. Propone que, si bien la maternidad es postergación intermitente, que nunca sea abandono continuado. En su manfiesto, alienta a las madres a que dejen de comerse las sobras de los platos de sus hijos [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/la-rebelion-de-las-madres/"><![CDATA[<p>Madres, aquella especie de ser humano que se parte al medio para parir a otro ser humano, que sopla sus velitas sobre alfajores improvisados y que se autocompra sus regalos de cumpleaños y de Navidad, y que sabe muy bien cómo poner cara de sorprendida sin siquiera haberlo practicado. Madres, aquellas con la ventaja biológica de gestar pero que también pueden cumplir su rol aún sin haber cargado vida en sus entrañas. Las que se posponen y procrastinan priorizando necesidades ajenas, las que trabajan con una mano y hacen dormir a un bebé con la otra, las que se despiertan de madrugada porque en la oscuridad de la noche los niños siempre llaman a sus madres aunque pudieran llamar a sus padres. ¿Por qué? ¿Eh? Hoy propongo una rebelión, justa, necesaria, a tiempo: la de las madres.</p><span id="more-2337"></span><p>La rebelión de las madres es una revuelta pacífica sin banderas ni pañuelos de colores que tiene como fin último que las madres se prioricen pero sin sentir culpa. Propone que, si bien la maternidad es postergación intermitente, que nunca sea abandono continuado. En su manfiesto, alienta a las madres a que dejen de comerse las sobras de los platos de sus hijos y que en las puertas de sus baños siempre haya una llave para poder cerrar. Los baños de las madres son con llave o no son. Una vez por semana esa llave -elemento glorioso y fetiche- se gira para poder vivir el trance de un baño de inmersión. Si es con música sonando en unos regios auriculares, mejor, porque entonces no hay manera de escuchar lo que pasa afuera. Afuera, tu descendencia está muy bien custodiada por su mismísimo padre, la otra mitad de este equipo, aquél que tiene exactamente la misma responsabilidad que vos en este salpicón de ojos pizpiretas. </p><p>Se trata de un motín sereno y liberador, en donde las madres renuevan cada temporada de verano sus bikinis ya estiradas y desteñidas, y la que vienen usando hace tres años consecutivos, la van dejando al fondo del cajón. Las sandalias que desea con fiereza y que tan bien quedan en los pies de esa influencer de moda con miles y miles de seguidores, va y se las compra en un rapto de lucidez. Las paga en cuotas para que duela menos. En cuotas -muchas- se puede pagar el viaje que siempre planean y nunca se animan a concretar con sus amigas. Eso es una inversión, no es un gasto. No hace falta esperar a que cumplan 50 años de egresadas para hacerlo. Tal vez sea demasiado tarde. Si la clase de zumba es justo a las 19.30 hs y -oh, qué pena- coincide con la hora de las brujas, de los baños inundados y los pijamas, se va igual. Y se vuelve transpirada, despeinada y renovada, con todo el periplo ya resuelto. Son las 22.30, se prenden las letras de Netflix y se disponen a cucharear un rato con un pote de helado mitad Dulce de leche Tentación, mitad Crema Tramontana; cuando se oye el llanto inoportuno de un niño. Se miran como diciendo ¿quién va? pero se levanta el padre y la madre aprovecha y se zambulle en las redes sociales echada en un sillón, cruzada de piernas.</p><p>La rebelión de las madres dice que si somos capaces de dejar un pulmón para pagar una torta de cumpleaños infantil, merecemos, por lo menos, una torta digna el día de nuestra propia vuelta al sol, y no conformarnos con un alfajor medio roto con una velita ya usada. Arenga a las madres, este tipo de ser vivo que suele creerse indispensable, que también pueden -deben- pensar en sí mismas y en sus deseos escondidos y pacientes- para que, entonces, sean las madres que quieran ser, y no solo las que puedan ser. </p><p></p>]]></content>
		
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		<title type="html"><![CDATA[EL TERCERO]]></title>
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		<id>https://lifeinpicsblog.com/?p=2324</id>
		<updated>2019-11-12T22:38:38Z</updated>
		<published>2019-11-12T18:31:43Z</published>
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		<summary type="html"><![CDATA[El tercero se entera de que es tercero cuando todavía no saltó al mundo. Mientras baila en ese líquido espeso que lo abraza empieza a saber que del otro lado la cosa no es moco de pavo. Desde la panza se mueve al ritmo del tema de Paw Patrol -que no logro dejar de entonar cada vez que me baño- y se queda quieto cuando dos voces debaten cuál será su nombre. También escucha los gritos de un par de niños a los que solo les conoce la voz pero de los que -ya sabe- estará inapelable y poderosamente unido para siempre. Una patada disimulada le hace pensar que estar adentro es más seguro, pero una caricia -también disimulada- le confirma que vale la pena conocer esa locura amorosa y algo ciclotímica que anida del otro lado. Resulta que con el tercero se resignifica la definición de puerperio. No hay tiempo de lamentos ni de preguntas existenciales que tal vez te hiciste con los primeros dos. Ahora, si frenás y dudás, la vida misma se pone a saltar encima tuyo. Y ojo que la vida pesa, eh. También se revoluciona lo que conocías como «tener paciencia». Con tres hijos me [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/el-tercero/"><![CDATA[<p>El tercero se entera de que es tercero cuando todavía no saltó al mundo. Mientras baila en ese líquido espeso que lo abraza empieza a saber que del otro lado la cosa no es moco de pavo.  Desde la panza se mueve al ritmo del tema de Paw Patrol -que no logro dejar de entonar cada vez que me baño- y se queda quieto cuando dos voces debaten cuál será su nombre. También escucha los gritos de un par de niños a los que solo les conoce la voz pero de los que -ya sabe- estará inapelable y poderosamente unido para siempre. Una patada disimulada le hace pensar que estar adentro es más seguro, pero una caricia -también disimulada- le confirma que vale la pena conocer esa locura amorosa y algo ciclotímica que anida del otro lado. </p><span id="more-2324"></span><p>Resulta que con el tercero se resignifica la definición de puerperio. No hay tiempo de lamentos ni de preguntas existenciales que tal vez te hiciste con los primeros dos. Ahora, si frenás y dudás, la vida misma se pone a saltar encima tuyo. Y ojo que la vida pesa, eh. También se revoluciona lo que conocías como «tener paciencia». Con tres hijos me enteré -a los tumbos y en la cancha- de que no tenía idea lo que era, en realidad, tener paciencia. No sabía que podía estirarse desde Purmamarca hasta Chivilcoy pero que también podía perderse en el camino. La paciencia, digo. La pierdo 7 de cada 10 noches pero voy aprendiendo a hacerlo de manera amable. Algo que tampoco sabía. La concepción del tiempo también muta y la cuestión es poder terminar una serie en menos de seis meses, y un libro&#8230;ah no, un libro nunca más. </p><p>El tercero piensa que el esterilizador es un juguete, primero porque no tiene juguetes propios ni nuevos, y segundo porque ese aparato nunca más tuvo que cumplir su función: la de esterilizar. Entonces sospecho que la mejor inmunidad que les podemos dar es la de no esterilizar nada. Te lo digo a vos, mamá de uno o de dos, que esterilizás chupetes y mamaderas unas 574 veces al día. El tercero no necesita muñeco de apego y no aparece en las fotos familiares que decoran tu casa porque, con tres, ante todo prioridades. Y no voy a repetir que no se le abrochan los botoncitos del body porque eso ya es cliché.</p><p>Con dos hijos tenía todo bajo control y no lo sabía, entonces llegó el tercero y me escandalizó la humanidad. El silencio se vuelve lujo y, la soledad, una coca light en el desierto. Durante el embarazo, los mails de los portales de maternidad que te cuentan que «tu bebé tiene el tamaño de una piña mediana» ahora te llegan al spam, y ya no volvés a extrañar a tus hijos mientras duermen. </p><p>Con el tercero se multiplican los brazos y los abrazos, los ojos y los desencuentros, las puteadas por lo bajo -bueno, por lo alto también- y el agradecimiento. Pero no me arrepiento ni un solo día de vivir en este caos continuado. Me hubiera arrepentido toda la vida de no haberme animado. </p><p></p>]]></content>
		
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			<name>Mechi Manrique</name>
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		<title type="html"><![CDATA[EL MARTES TE DICE GRACIAS]]></title>
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		<updated>2019-11-12T18:51:18Z</updated>
		<published>2019-11-05T18:50:22Z</published>
		<category scheme="https://lifeinpicsblog.com" term="#MartesDeRelato" />
		<summary type="html"><![CDATA[No, no me estoy despidiendo ni mucho menos pero hoy, mi Martes y yo, te queremos decir gracias. El Martes nació tímido e introvertido hace algunos años, cuando apenas lo leían 300 almas que por algún motivo se cruzaron con él. Muy de a poco, con constancia y en buena ley, con esfuerzo y placer, fue creciendo centímetro a centímetro. Se volvió cada día más seguro y apuesto, más intenso y picante. Caminaba con los hombros encogidos pero un día se perfumó un poco, se peinó para el costado, sonrió frente al espejo, abrió la puerta y después la cerró de un portazo. No llevó más equipaje que sus palabras y algunas emociones. Cruzó un río y llegó a Uruguay; trepó cordilleras y se bajó en Chile. También aterrizó en México y se llenó de color. Entonces el Martes encuentra su propio tono, esa identidad que lo define y de pronto esas 300 almas se fueron multiplicando. Le gusta ser polémico e irónico, empático y sensible, cálido pero contundente, pensante y reflexivo, aunque de a ratos explosivo. Así es como me gustan a mí las personas. Llenas de matices. Sabe cómo hacer reír y llorar, tal vez con algunos segundos [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/el-martes-te-agradece/"><![CDATA[<p>No, no me estoy despidiendo ni mucho menos pero hoy, mi Martes y yo, te queremos decir gracias. El Martes nació tímido e introvertido hace algunos años, cuando apenas lo leían 300 almas que por algún motivo se cruzaron con él.  Muy de a poco, con constancia y en buena ley, con esfuerzo y placer, fue creciendo centímetro a centímetro. Se volvió cada día más seguro y apuesto, más intenso y picante. Caminaba con los hombros encogidos pero un día se perfumó un poco, se peinó para el costado, sonrió frente al espejo, abrió la puerta y después la cerró de un portazo. No llevó más equipaje que sus palabras y algunas emociones. Cruzó un río y llegó a Uruguay; trepó cordilleras y se bajó en Chile. También aterrizó en México y se llenó de color. </p><span id="more-2307"></span><p>Entonces el Martes encuentra su propio tono, esa identidad que lo define  y de pronto esas 300 almas se fueron multiplicando. Le gusta ser polémico e irónico, empático y sensible, cálido pero contundente, pensante y reflexivo, aunque de a ratos explosivo. Así es como me gustan a mí las personas. Llenas de matices. Sabe cómo hacer reír y llorar, tal vez con algunos segundos de diferencia. Hoy el #MartesDeRelato te agradece a vos que cada martes, como si no tuvieras algo mejor que hacer, te tomás el trabajo de leer un rejunte de párrafos escritos y les das sentido. Porque todo tiene sentido porque estás del otro lado. Con lo que vale el tiempo de cada uno y en épocas de inmediatez y de lectores apurados, que elijas quedarte y leer hasta el final, me hace sospechar que eso de que la gente ya no lee, es una enorme mentira. </p><p>El #MartesDeRelato te abre las puertas de su casa cada martes y recibe a miles de ojitos ávidos de leer qué tiene para decir. Hay muchos que se pierden -y se encuentran- en sus líneas y se lo hacen saber. Hay otros que están ahí pero en silencio. Y eso también vale. Al Martes lo cuestionaron y lo plagiaron, y eso lo hizo más aguerrido. También le agradecieron y lo citaron, y eso lo hizo más bondadoso. Un día se encaprichó con que quería un # y lo tuvo pero -claro- quiso ir por más y apostó a convertirse en libro. No esperó a que lo llamara ninguna editorial. No no. Se arremangó el rodete &#8211; sí, el martes también usa rodete- respiró profundo y fue detrás de su sueño: perpetuarse entre dos tapas, jugar a la mancha, para siempre, entre metáforas, sinónimos, verbos y adjetivos. </p><p>Así que hoy el #MartesDeRelato te dice gracias. Por reconocerte en sus líneas sabiendo que no estás sola en esta lluvia, por emocionarte con sus andanzas y por reírte de sus ocurrencias. Por enojarte cuando se pone terco y por piropearlo cuando se pone lindo. Todas esas emociones que despierta en vos son las que lo animaron a dejar atrás sus hombros encogidos y su timidez, para perfumarse y salir dando un portazo a conquistar el mundo. Que vivan los portazos y los sueños perseguidos. Los sueños atrapados también.</p>]]></content>
		
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		<author>
			<name>Mechi Manrique</name>
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		<title type="html"><![CDATA[A MI FUTURA NUERA]]></title>
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		<updated>2019-11-05T19:06:05Z</updated>
		<published>2019-10-29T18:42:47Z</published>
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		<summary type="html"><![CDATA[El universo me mandó tres hijos varones y si los cálculos no me fallan, algún día, lejano, lejanísimo, me voy a convertir en suegra. Chan. Daga directo al corazón. Apocalipsis emocional. Hoy te quiero hablar a vos, futura nuera, que, si ya existís, estarás dando tus giros en algún lugar del planeta para, dentro de unos años, encontrarte con los giros de mi pichón. Todavía no te conozco y nos faltan un montón de años para hacerlo pero igualmente quiero decirte algunas cosas, como para que las vayas sabiendo. Hace poco empecé a imaginarte, esperando que estés creciendo fuerte y feliz. Él lo está haciendo. También quiero que sepas, desde ahora, faltando tanto tiempo para verte la cara, que si él te elige deberías considerarte una afortunada. Desde chiquito le estoy enseñando a quererse a sí mismo, mostrándole todo su valor, porque creo que para poder querer a otro primero hay que quererse a uno mismo. Con todo lo bueno y lo malo. Espero que estén haciendo lo mismo con vos así podés quererlo como se merece. Te cuento que tiene un corazón luminoso, y no lo digo porque soy su mamá. Estuvo casi 41 semanas en mi panza y [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/a-mi-futura-nuera/"><![CDATA[<p>El universo me mandó tres hijos varones y si los cálculos no me fallan, algún día, lejano, lejanísimo, me voy a convertir en suegra. Chan. Daga directo al corazón. Apocalipsis emocional. Hoy te quiero hablar a vos, futura nuera, que, si ya existís, estarás dando tus giros en algún lugar del planeta para, dentro de unos años, encontrarte con los giros de mi pichón.</p><span id="more-2290"></span><p>Todavía no te conozco y nos faltan un montón de años para hacerlo pero igualmente quiero decirte algunas cosas, como para que las vayas sabiendo. Hace poco empecé a imaginarte, esperando que estés creciendo fuerte y feliz. Él lo está haciendo. También quiero que sepas, desde ahora, faltando tanto tiempo para verte la cara, que si él te elige deberías considerarte una afortunada. Desde chiquito le estoy enseñando a quererse a sí mismo, mostrándole todo su valor, porque creo que para poder querer a otro primero hay que quererse a uno mismo. Con todo lo bueno y lo malo. Espero que estén haciendo lo mismo con vos así podés quererlo como se merece. Te cuento que tiene un corazón luminoso, y no lo digo porque soy su mamá. Estuvo casi 41 semanas en mi panza y en la semana 17 ya se movía. Inquieto el pequeño, me lo recuerda cada domingo a las 6.40 am cuando con sus ojos achinados y los pelos parados, se aparece listo para salir a la aventura. Espero le puedas seguir el ritmo y nunca le cortes sus alas. </p><p>No sé si conocés una canción de Diego Torres que dice &#8216;no sé porqué, su llegada al mundo fue así, le costó salir», bueno a él también le costó. Hubo que sacarlo porque estaba cómodamente atrapado y no había forma de que bajara. Nació tremendamente enojado.  Cada vez que se enoja pone la misma cara que ese remoto 29 de marzo a las 21.40. Cómo olvidar su primer gesto de vida. Me quedé pensando en Diego Torres, que para vos seguro será una antiguedad, así que no creo que lo conozcas. </p><p>Cuando ve flores lo primero que hace es arrancarlas y dármelas, con sus ojos sonriendo atrás de sus anteojitos azules. Ah, no te dije, él sabe sonreír con los ojos. Será por eso que me gustan las personas así. Algún día esas flores van a ser para vos. Miralo a los ojos cuando te las dé, eh, no seas mala. A diferencia de mí, le encanta dibujar, y no sabés lo bien que lo hace. Sus dibujos son alegres y coloridos, como su personalidad. Algún día te los voy a mostrar, guardo la gran mayoría. </p><p>A la hora de dormir me pide que le haga cosquillas en la espalda y en ese momento siempre me cuenta algo de su día o me hace preguntas raras como por ejemplo dónde estaba él antes de nacer. No hay noche que no le diga todo lo que lo quiero después de darle un beso en la frente. Dentro de muchas noches serás vos la que le dé ese beso. Bueno, no creo que se lo des en la frente pero para qué hablar de eso ¿no? </p><p>Ojalá que no te rompa el corazón y espero, por tu bien, que no le rompas el suyo. Ya te dije que es luminoso. Además es generoso. No puedo evitarle todos los dolores pero creo que le estoy enseñando a poder atravesarlos y salir más fuerte. Te prometo que voy a hacer una suegra copada, lo intentaré, pero tené en cuenta que me estás chafando a mi bebé así que te pediría que me tengas paciencia. También prometo abrirte las puertas de mi casa y sonreírte, aunque alguna parte de mi corazón esté llorando. Tranquila, ya se me va a pasar. Vos ni cuenta te vas a dar.</p><p>Falta mucho, por suerte, para que nos conozcamos las caras y para que salgan juntos ¿al cine? Ni idea qué programas estarán de moda dentro de 20 años. Mientras tanto voy a seguir disfrutando -más que nunca- de sus flores robadas y sus dibujos de colores, sus ojos sonrientes, las cosquillas en su espalda, sus preguntas raras y sus despertares -siempre- antes que el sol. </p>]]></content>
		
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		<author>
			<name>Mechi Manrique</name>
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		<title type="html"><![CDATA[cómo dormir a un bebé y no morir (de sueño) en el intento]]></title>
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		<updated>2019-11-05T19:06:29Z</updated>
		<published>2019-10-22T18:06:16Z</published>
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		<summary type="html"><![CDATA[Bienvenida a un tutorial escrito que puede cambiar tu vida, madre de ese pequeño remolón que te mira con su dos de oro en los ojos cada noche. La triste y célebre frase «dormir como un bebé» es una farsa. Alguien tenía que decirlo. Dormir como un bebé es dormir mal. Así que arranco diciendo que me cae pésimo quien inventó ese dicho pero, tranquila, a continuación te cambio la vida. Ponele. Cae la tarde, todavía no son ni las 19 pero ya lo empezás a sentir. Ese nudo que, disimulado, se empieza a formar en la boca del estómago. Justo en el hueco que queda entre las costillas. Conocés la sensación porque merodea la zona cada atardecer. Ya leíste que las pantallas de noche están prohibidas, ya te contaron las bondades de las rutinas y de la importancia de repetirlas siempre igual. Ya escuchaste a esa mamá que dice bañarlo -como para ir poniéndolo en clima- darle de comer para después acostarlo en su cuna, cantándole un arrorró. El final del cuento te revuelve las tripas: «entonces lo dejo despierto y solito se queda dormido». La odiamos. Tanto como al que inventó esa frase desgraciada. Si sos de las [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/como-dormir-a-un-bebe-y-no-morir-de-sueno-en-el-intento/"><![CDATA[<p>Bienvenida a un tutorial escrito que puede cambiar tu vida, madre de ese pequeño remolón que te mira con su dos de oro en los ojos cada noche. La triste y célebre frase «dormir como un bebé» es una farsa. Alguien tenía que decirlo. Dormir como un bebé es dormir mal. Así que arranco diciendo que me cae pésimo quien inventó ese dicho pero, tranquila, a continuación te cambio la vida. Ponele. </p><span id="more-2270"></span><p>Cae la tarde, todavía no son ni las 19 pero ya lo empezás a sentir. Ese nudo que, disimulado, se empieza a formar en la boca del estómago. Justo en el hueco que queda entre las costillas. Conocés la sensación porque merodea la zona cada atardecer. Ya leíste que las pantallas de noche están prohibidas, ya te contaron las bondades de las rutinas y de la importancia de repetirlas siempre igual. Ya escuchaste a esa mamá que dice bañarlo -como para ir poniéndolo en clima- darle de comer para después acostarlo en su cuna, cantándole un arrorró. El final del cuento te revuelve las tripas: «entonces lo dejo despierto y solito se queda dormido». La odiamos. Tanto como al que inventó esa frase desgraciada. Si sos de las mías, que no panda el cúnico. Tres hijos después aprendí que dormir a un bebé es un arte y que hay algunos detalles que no se te pueden escapar&#8230;</p><p>Tenés a la criatura en brazos, te balanceás mientras tarareás un tema inventado con una melodía que te suena. Al principio lo hacés con ritmo firme pero a medida que va entrecerrando los ojos te animás a ir bajando la intensidad. Nunca jamás frenar en seco. Esto arruinaría todo el trabajo. Siempre hay que ir haciéndolo despacito. Te hacés la relajada para transmitirle eso mismo pero en realidad te duele un omóplato y los brazos se te empiezan a dormir.  Seguís bailando esa danza extraña procurando no hacer contacto visual. El eye contact asesina cualquier somnoliencia infantil. Estás parada bailando una danza rara con un tema que no queda claro bien cuál es pero igual te hacés la dormida. Tu mirada y la de tu bebé no pueden cruzarse nunca en esta instancia. Muy disimuladamente lo mirás de reojo y ves que tiene sus ojos cerrados pero su brazo todavía está tenso. Que no te gane la ansiedad. No es momento todavía de apoyarlo en su cuna. La ansiedad, otra arma letal en este trabajo de hormiga. </p><p>El chico está profundamente dormido cuando su respiración cambia y cuando su brazo cae con peso muerto. Probás y efectivamente su brazo se desploma con toda la ley de gravedad. Medio que te empezás a creer mil y cuando das un paso pateás esa pelota con luces y música que se pone a hacer su show escandaloso e inncesesario en medio de la oscuridad. Maldecís para tus adentros. Si hay algo que enseña la maternidad es a putear y a llorar para adentro. Así como estás te quedás quieta. tipo estatua, sin respirar. Respirar en estos casos también puede ser fatal. Justo en ese momento se escucha una sirena. No es de policía, es de bomberos. Una sirena furiosa e inoportuna. También puede ser un marido que grita un gol (me pasó y casi enviudo), un perro que ladra, un portazo o un mensaje en el celular de alguien que seguro no tiene hijos. Nunca te acordás de ponerlo en silencio. Todos ruidos que escuchás seguido pero que por alguna extraña razón en esos momentos  pareciera como si tuvieran un amplificador. </p><p>Cuando finalmente estás en condiciones de apoyarlo en su cuna, te da taquicardia. Es un momento cúlmine. Pánico, adrenalina, rezos. Te saboreás la carne al horno con papas que está en el horno. Estás a punto de terminar un trabajo arduo, como ese punto final de un autor en su libro. Como la última pregunta de un examen oral. Como el instante que te zambullís abajo de una ola y no sabés si te vas a levantar medio en bolas. Firme, segura, con la panza para adentro para que no tire el ciático, te agachás lentamente, tus abdominales como roca, tu respiración interrumpida, tus dientes apretados. Lo apoyás y te quedan los brazos atrapados. Justo te pica. Qué pena, no podés rascarte. Los vas sacando milimétricamente, tu traste para afuera, tu rodete bien alto. Uno de los barrotes de la cuna cruje. Típico. Lográs salir ilesa y cuerpo a tierra abandonás la trinchera, chivada, despeinada, contracturada y hambrienta. Triunfante. </p><p></p>]]></content>
		
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			<name>Mechi Manrique</name>
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		<title type="html"><![CDATA[QUÉ DIFÍCIL]]></title>
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		<updated>2019-11-05T19:06:38Z</updated>
		<published>2019-10-15T15:04:42Z</published>
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		<summary type="html"><![CDATA[El despertador suena 6.20. Lo tratás de apagar dando manotazos con la modorra despatarrada en los ojos, y en el cuerpo y en la mente, y te estirás en la cama como si fueras un chicle de frutilla. Querés darte vuelta y seguir, pero no hay tiempo, ya empezó la carrera. Te sentás, movés la cabeza para un lado y para el otro. Te sonás apenas los dedos entumecidos, te arremangás el pelo en un rodete apurado y salís de la cama, no sin antes respirar profundo, mandando el aire hasta el ombligo, como diciendo: «bueno, ahí voy». Tenés 15 horas de corrido para desplegar todas tus versiones: la de madre, la de hija, la de profesional, la de emprendedora, la de ama de casa, la de amiga, la de esposa, la de mujer. Que no se te ocurra fallar, eh&#8230; Hay algo que me incomoda del dedo acusador y la mirada del otro. Hay algo que me agota del deber ser, desde siempre, pero se vuelve más evidente por estos días. Hay algo -mucho- que me enoja de los fundamentalismos y de sus mensajes que pretenden instalarse en las psiquis y emociones y rutinas atolondradas de las madres y [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/que-dificil-se-me-hace/"><![CDATA[<p>El despertador suena 6.20. Lo tratás de apagar dando manotazos con la modorra despatarrada en los ojos, y en el cuerpo y en la mente, y te estirás en la cama como si fueras un chicle de frutilla. Querés darte vuelta y seguir, pero no hay tiempo, ya empezó la carrera. Te sentás, movés la cabeza para un lado y para el otro. Te sonás apenas los dedos entumecidos, te arremangás el pelo en un rodete apurado y salís de la cama, no sin antes respirar profundo, mandando el aire hasta el ombligo, como diciendo: «bueno, ahí voy». Tenés 15 horas de corrido para desplegar todas tus versiones: la de madre, la de hija, la de profesional, la de emprendedora, la de ama de casa, la de amiga, la de esposa, la de mujer. Que no se te ocurra fallar, eh&#8230;</p><span id="more-2259"></span><p></p><p>Hay algo que me incomoda del dedo acusador y la mirada del otro. Hay algo que me agota del deber ser, desde siempre, pero se vuelve más evidente por estos días. Hay algo -mucho- que me enoja de los fundamentalismos y de sus mensajes que pretenden instalarse en las psiquis y emociones y rutinas atolondradas de las madres y que solo generan tres cosas: culpa, cansancio y desdicha. Qué difícil es ser madre hoy&#8230;</p><p>El día empieza al alba preparando desayunos nutritivos y saludables. ¿Nesquik con tostadas? No no no, eso es veneno, che. Ponete las pilas, vos podés, probá usando un poco tu creatividad. Muffins de ciruela orgánica con azúcar mascabo es una idea piola. ¿Qué? ¿No tenés azúcar mascabo? ¿Pero cómo puede ser? ¿Tampoco fruta orgánica? Qué desastre, estás envenenando a tus hijos. Ni se te ocurra mirar las galletitas de paquete: es como darles cianuro. Ojito con prender la televisión porque las pantallas son destructivas. A esta altura del partido ya deberías saberlo así que, si lo hacés, por lo menos que nadie se entere. Qué van a pensar tus vecinos o las mamis del cole. Mala madre que les pone dibujitos en vez de sentarse a jugar. </p><p>Pareciera que las madres, además de los malabares que hacemos a diario, también tenemos que ser payasos y animadoras, como los de los cumples infantiles. Hacernos el tiempo de cocinar sano, nada de fideos. Ahora parece que darles fideos a los chicos está mal visto. y jamás algo procesado. ¿Qué le querés mandar patitas de pollo en la vianda? Un horror. Mejor hacelas caseras. A la noche, cuando todos duermen, todavía con la ropa del día puesta, la contractura en el cuello y los bostezos escapándose de tu boca. Ahí podés aproverchar. ¿Que a la noche no dás más y querés bañarte, comer y ver una serie? Tenés que poder igual, sos madre. </p><p>Hoy hay que ser madres amorosas y empáticas, hay que estar presentes para no traumar a nuestros niños pero también hay que trabajar. Producir, pensar, facturar. Mucho cuidado con usar el celular en exceso y guarda con levantarles la voz o perder la paciencia. Es un pecado. Ya se que tenés que contestar los mensajes de whatsapp, tenés 13 chats sin leer y 503 mails sin abrir. Te escondés en el baño para poder hacerlo sin que te vean ¿no?  </p><p>La casa tiene que estar limpia y ordenada y hay que leerles cuentos antes de dormir. No sé, parece que ser buena madre también es eso.  Acordate de eliminar las harinas y darte una vuelta por el gimnasio que pagaste por adelantado creyendo que así no te iba a quedar otra que ir. El verano está acá nomás y hay que afirmar las cachas. En algún momento tenés que depilarte y pasar por la peluquería, se te ven algunas canas. Tus uñas no están hechas ¿qué pasó? Apurate que llegás tarde a buscarlo por el jardín.</p><p>Hoy sos madre ejemplar y de manual si sabés hacer masa casera, si tu freezer está estoqueado de comida sana, si apoyás el traste en el piso todos los días a jugar con tus hijos y si jamás te salís de las casillas con ellos. Si sobrevivís a un fin de semana de lluvia sin pantallas, también. No te olvides de que también tenés un marido. No fumes ni tomes alcohol, sos madre. Tampoco te olvidés que tenés que limpiarte e hidratar la cara antes de meterte en la cama. Vestirte a la moda, cortarte las puntas florecidas y mantener el buen humor. </p><p>No sé si ellos se van a acordar de los muffins orgánicos con azúcar mascabo o de la masa casera de los días de lluvia. Sí sé que no quiero que me recuerden apurada, contracturada y culposa. Con el ceño fruncido y los dientes apretados. Tal vez prefiera que me recuerden auténtica, amorosa, humana. Acertando y errando. Abrazando, acompañando, escuchando. Yo no creo que se acuerden de sus viandas, pero sí se van a acordar de cómo los hice sentir. Que cada una sea la madre que pueda, con lo que tenga. Eso es un montón. </p><p></p><p></p><p></p><p></p><p></p><p></p><p></p><p></p>]]></content>
		
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		<author>
			<name>Mechi Manrique</name>
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						</author>

		<title type="html"><![CDATA[SI MI MOCHILA HABLARA]]></title>
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		<updated>2019-10-15T15:06:37Z</updated>
		<published>2019-10-08T19:02:29Z</published>
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		<summary type="html"><![CDATA[Erradiqué las carteras el día que me convertí en mamá y de un sopapo me enteré de que tener dos brazos libres se convertiría en algo crucial. Nunca usé esos bolsos de maternidad tiernos con ositos, “a mí dame la mochila”, pensé, mientras salía del sanatorio con un bebe a upa. Mis carteras de la era A.H (antes de hijos) quedaron ahí, guardadas, esperando a que alguien las vuelva a mirar. No quisiera revisarlas porque temo encontrarme con una entrada vintage de Pachá o de 10 cosas que odio de ti. Sí, creo que esa fue la última película que fui a ver al cine, de a dos. Las mochilas de las madres me recuerdan al bolso mágico de Mary Poppins pero no solamente porque en ellas entra hasta un nebulizador y un paquete entero de pañales, sino porque, en su interior, aquella versión que somos hoy coquetea con esa otra versión que ya no somos, pero que nunca dejamos de ser. En mi mochila, aquella que carga mi vida, debería haber -además de cierres y compartimentos- estantes y cajones, para poder tener todo bien organizado y que no se me escape un protector mamario cuando quiero sacar la billetera [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/si-mi-mochila-hablara/"><![CDATA[<p>Erradiqué las carteras el día que me convertí en mamá y de
un sopapo me enteré de que tener dos brazos libres se convertiría en algo
crucial. Nunca usé esos bolsos de maternidad tiernos con ositos, “a mí dame la
mochila”, pensé, mientras salía del sanatorio con un bebe a upa. Mis carteras
de la era A.H (antes de hijos) quedaron ahí, guardadas, esperando a que alguien
las vuelva a mirar. No quisiera revisarlas porque temo encontrarme con una
entrada vintage de Pachá o de 10 cosas que odio de ti. Sí, creo que esa fue la
última película que fui a ver al cine, de a dos. Las mochilas de las madres me
recuerdan al bolso mágico de Mary Poppins pero no solamente porque en ellas
entra hasta un nebulizador y un paquete entero de pañales, sino porque, en su
interior, aquella versión que somos hoy coquetea con esa otra versión que ya no
somos, pero que nunca dejamos de ser.</p><span id="more-2252"></span><p>En mi mochila, aquella que carga mi vida, debería haber -además de cierres y compartimentos- estantes y cajones, para poder tener todo bien organizado y que no se me escape un protector mamario cuando quiero sacar la billetera para pagarle al señor de la verdulería. Meto la mano sin mirar, así como hago a la madrugada cuando camino con ojos cerrados para calmar llantos de bebé, y voy haciendo tacto: un billete de dos pesos que no sirve, un par de tickets con fecha 2018 y precios retro que ya no manejamos, una almohadita de avena vieja y un pañal talle RN que no le entra. Sigo toqueteando, me confundo la billetera con el estuche de los anteojos sin los anteojos y me detengo en algo largo y finito que no es la billetera pero que me intriga saber qué es. Lo saco, mientras el señor de la verdulería todavía carga mis bolsas con brócoli y remolacha, y me encuentro con un destornillador. «¿Por qué llevo un destornillador en mi mochila?», le pregunto, con tono socarrón, como para apaciguar su espera. Pero no responde. Él solo quiere que le pague y que me marche de una vez y para siempre. Un esmalte de uñas que llevo siempre encima por si encuentro un hueco para poder pintármelas de corrido, y un corrector de ojeras para disimular lo indisimulable. Una máscara de pestañas que si no me equivoco ya está seca y un brillo de labios porque siempre, en algún momento del día, hay que empujar un poco la autoestima para arriba. </p><p>Las mochilas de las madres son portadoras de objetos perdidos que nunca aparecen cuando los necesitamos pero que es lo primero que tocás mientras buscás el celular que suena y no encontrás. Cuando lo lográs y estás a punto de atender, ya dejó de sonar. Un paraguas que quedo ahí desde la última tormenta y algún pañal pillado que guardaste y nunca tiraste. Galletitas mordidas, migas y un pelapapa. Sí, un pelapapa que descansa junto a una fotocopia del DNI y una foto 4 x 4 de mi hijo. Es que siempre, para cualquier trámite, hay que tener eso a mano. ¿O no?</p><p>Mi agenda y un desodorante, junto a un calzoncillo extra y un chupete de cuando usaba chupete. Una pobre mandarina que tuve la intención de comer y nunca pude, una gomita que busqué anoche para hacerme el rodete y no estaba en mi muñeca y un libro que sigue marcado en la misma página hace siete meses. Está todo, menos mi billetera. Le sonrío al pobre señor que está a punto de tirarme el brócoli por la cabeza y me vuelvo a casa cabizbaja. Creo que hoy pedimos pizza.</p><p></p>]]></content>
		
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			<name>Mechi Manrique</name>
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		<title type="html"><![CDATA[LA CICLOTIMIA DEL RODETE]]></title>
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		<updated>2019-10-08T19:07:33Z</updated>
		<published>2019-10-01T19:29:11Z</published>
		<category scheme="https://lifeinpicsblog.com" term="#MartesDeRelato" /><category scheme="https://lifeinpicsblog.com" term="#MeSacoElRodete" />
		<summary type="html"><![CDATA[Un rodete no dice nada o dice mucho, depende de cómo lo mires. No hablo del rodete de las azafatas, ni de las bailarinas ni de las enfermeras. Siempre las miro con una cuota de envidia. ¿Cómo puede ser que no se les escape ningún pelito? Todo el asunto bien prolijo, tirante, impecable. Cuando la azafata me cuenta dónde están las salidas de emergencia y cómo se pone la máscara de oxígeno, mis ojos se van directo a sus rodetes altaneros y me pierdo ahí, en esos pelos contenidos, como tratando de descifrarlos. No escucho nada. Que nunca me pase de tener que salir de emergencia de un avión porque ni idea. Pero yo quiero hablar de los otros rodetes, del que tenés puesto vos o yo. Los que no se atan con productos para el pelo ni hebillas, los que no se hacen frente a un espejo, los espontáneos, los que son tirantes pero desprolijos. Esos rodetes que no compiten con otros. Que no se usan para seducir. Estos rodetes hablan. Esa espiral de pelo que se comprime, que se encarcela, esa mata desordenada y abultada que se reprime. ¿Sabés lo que se esconde atrás de tu rodete? La [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/la-ciclotimia-del-rodete/"><![CDATA[<p>Un rodete no dice nada o dice mucho, depende de cómo lo mires. No hablo del rodete de las azafatas, ni de las bailarinas ni de las enfermeras. Siempre las miro con una cuota de envidia. ¿Cómo puede ser que no se les escape ningún pelito? Todo el asunto bien prolijo, tirante, impecable. Cuando la azafata me cuenta dónde están las salidas de emergencia y cómo se pone la máscara de oxígeno, mis ojos se van directo a sus rodetes altaneros y me pierdo ahí, en esos pelos contenidos, como tratando de descifrarlos. No escucho nada. Que nunca me pase de tener que salir de emergencia de un avión porque ni idea.  Pero yo quiero hablar de los otros rodetes, del que tenés puesto vos o yo. Los que no se atan con productos para el pelo ni hebillas, los que no se hacen frente a un espejo, los espontáneos, los que son tirantes pero desprolijos. Esos rodetes que no compiten con otros. Que no se usan para seducir. Estos rodetes hablan. Esa espiral de pelo que se comprime, que se encarcela, esa mata desordenada y abultada que se reprime. ¿Sabés lo que se esconde atrás de tu rodete?</p><span id="more-2232"></span><p>La relación entre las madres y el rodete es tensa y pasional desde antes de Cristo. Es un vínculo ciclotímico: lo necesitamos, acudimos a él por las noches, con los ojos cerrados, en las penumbras de las madrugadas y en los bostezos de los madrugones. Si amagás a sacarte la gomita de la muñeca para armarte uno y no la tenés es un problema. Pero las madres somos expertas en sortear obstáculos. Si no hay gomita te hacés un nudo igual. Así como nos hace falta, también queremos deshacernos de él. Ahí radica la ciclotimia del rodete. Podrán argumentarme que un corte de pelo como el de Araceli en los 90 es la solución. Pero es que las madres son con rodete porque hay algo en la posibilidad de atarlo y desatarlo que nos provoca adrenalina. El rodete esconde pelo amontonado pero también montones de necesidades que se postergan, deseos que se quedan dormidos, sueños de libertad atrapados. Ponerse un rodete es como arremangarse el pelo para satisfacer necesidades ajenas que no tienen que ver con las propias. Es como poner primera y arrancar. Como sonarse los dedos antes de empezar a hacer algo. La magnífica posibilidad de soltarse la melena y sacudir la cabeza, es mucho más que llevar el pelo suelto. Es que se suelten también otro tipo de nudos. Los que no se ven. Cuando #MeSacoElRodete también me libero de los rodetes emocionales. Aquí es donde sucede la magia. Es un símbolo, una ceremonia, un ritual que trasciende a la definición de belleza. Lo bello por sí solo queda corto. Es lo bello mimetizándose con el reencuentro con una misma y con esas necesidades propias que guardamos en un cajón hasta poder sacarlas para hacernos cargo de ellas. Soltarse el pelo es liberación física y emocional. Es descomprimir. Se sacude la melena, y también se sacuden algunos miedos, dudas, angustias. Me suelto el pelo y también suelto enojos y mandatos. </p><p>El rodete de una madre no se parece al de las azafatas. Además de esconder emociones a veces esconde pedazos de banana. No lucen domesticados y herméticos, con los pelitos en su lugar. Todo bajo control. Los rodetes de las madres nunca tienen nada bajo control y, si pudieran hablar, dirían barbaridades así que mejor que no sepan hacerlo. Son rebeldes y desprolijos, sentimentales y pasionales. Ciclotímicos, amorosos, entregadísimos. Enamorados. Nunca subestimes uno de estos rodetes. Nunca jamás subestimes a una madre que se lo saca.</p><p></p><p></p><p></p><p></p><p></p><p></p>]]></content>
		
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			<name>Mechi Manrique</name>
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		<title type="html"><![CDATA[ESCUCHO NIÑOS LLORANDO]]></title>
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		<updated>2019-10-02T00:05:44Z</updated>
		<published>2019-09-24T18:16:58Z</published>
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		<summary type="html"><![CDATA[Hay escenas del cine que no me olvido y una de ellas es la de ese niño medio tenebroso que lo mira a Bruce Willis muy fijo y le hace una confesión: “veo gente muerta” (I see dead people). Todos vimos Sexto Sentido, ¿verdad? Si no la viste entonces tenés tarea para el hogar. Yo –gracias a Dios y a todos los santos- no veo gente muerta pero hoy vengo a traer mi confesión, casi tan tenebrosa como la de la película: escucho niños llorando (léase en voz baja). Los escucho aunque no esté con ellos y esto es lo más escalofriante del asunto. Los escucho en la ducha mientras me baño. Con el shampoo en el pelo y un tema a medio cantar, oigo a lo lejos niños que lloran y entonces puteo por lo bajo. Sí, las madres puteamos por lo bajo y es fantástico, desconfiá de aquella que «dice» no hacerlo. Trato de cerrar la canilla con una mano llena de jabón. Cuando por fin lo logro y me quedo quieta como estatua, con la oreja parada y la cabeza llena de espuma, escondida detrás de una cortina de baño que oculta esta imagen semi patética, finalmente [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/escucho-ninos-llorando/"><![CDATA[<p>Hay escenas del cine que no me olvido y una de ellas es la de ese niño medio tenebroso que lo mira a Bruce Willis muy fijo y le hace una confesión: “veo gente muerta” (I see dead people). Todos vimos Sexto Sentido, ¿verdad? Si no la viste entonces tenés tarea para el hogar. Yo –gracias a Dios y a todos los santos- no veo gente muerta pero hoy vengo a traer mi confesión, casi tan tenebrosa como la de la película: escucho niños llorando (léase en voz baja).</p><span id="more-2195"></span><p>Los escucho aunque no esté con ellos y esto es lo más escalofriante del asunto. Los escucho en la ducha mientras me baño. Con el shampoo en el pelo y un tema a medio cantar, oigo a lo lejos niños que lloran y entonces puteo por lo bajo. Sí, las madres puteamos por lo bajo y es fantástico, desconfiá de aquella que «dice» no hacerlo. Trato de cerrar la canilla con una mano llena de jabón. Cuando por fin lo logro y me quedo quieta como estatua, con la oreja parada y la cabeza llena de espuma, escondida detrás de una cortina de baño que oculta esta imagen semi patética, finalmente lo único que escucho es silencio. ¿Pero cómo puede ser? Si lo escuché muy claro. Me apuro a prender la canilla de nuevo y cuando quiero seguir cantando, lo vuelvo a escuchar.  No me dejan terminar de cantar en paz, pucha. Pero cuando vuelvo a cerrar, hay silencio otra vez. Nadie llora. Escucho niños llorando&#8230; en mi imaginación. Se me cruza por la cabeza la fatídica idea de que voy derechito a la esquizofrenia pero mejor echo a patadas a este pensamiento. No hay mucho tiempo para pensar, necesito poder enjuagarme la cabeza y terminar el tema, si es posible de corrido.</p><p>Lo mismo me pasa cuando está la televisión prendida, el control remoto que busca alguna serie nueva, la noche en pañales, la libertad a flor de piel, la individualidad individual de uno, que vuelve a ser de uno. En la heladera, un pote de dulce de leche espera ser atacado por dos cucharas, por la ventana se asoma la luna. La charla inminente con el padre de las criaturas, la intención de ponerse al día, el rodete a punto de soltarse, el pj que te abraza. De pronto, llanto. Entro en estado de alerta, amago a hacerme el rodete, la ilusión de unos masajitos en los pies se desvanece. Bajo el volumen de la tele a cero. Silencio. Nadie llora. Cuando subo el volúmen escucho ese llanto una vez más. Pero cuando lo bajo, no hay nada. Mi marido me mira fijo, con el ceño fruncido, con una mirada parecida a la del niño de Sexto Sentido, tal vez pensando &#8216; y a ésta que le pasa, nadie llora&#8217;. Confundida, me desato el pelo, respiro hondo y sonrío. Otra vez la idea esquizofrénica que me asalta, pero esta vez tampoco tengo tiempo. Es que hay un dulce de leche esperando en la heladera.</p><p>En la oscuridad de la noche, allí en las profundidades de la madrugada, en el silencio hondo de los sueños, cuando estoy felizmente babeando la almohada, cuando finalmente encuentro la posición perfecta, de costado y con una pierna afuera, siempre; cuando no necesito que nadie llore; ahí mismo, los llantos siempre son reales. Ciertos, crueles, desafortunados, verdaderos, demandantes, agudos, despiadados, recurrentes. Y mientras  cargo a un bebé que se calla apenas lo alzo, allí en las tinieblas de ese cuarto, pienso en el niño de Sexto Sentido, en Bruce Willis, en la cuota de esquizofrenia que todas las madres tenemos y vuelvo a putear por la bajo. Porque todas las madres puteamos por lo bajo. Recordá huir de quien te diga lo contrario. </p>]]></content>
		
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		<author>
			<name>Mechi Manrique</name>
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		<title type="html"><![CDATA[DONDE TODO COMENZÓ]]></title>
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		<updated>2019-09-24T18:17:19Z</updated>
		<published>2019-09-17T11:00:56Z</published>
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		<summary type="html"><![CDATA[Son las 6.43 am, apenas hay luz. Lo sé porque siempre se cuela el mismo rayo por la cortina que -aunque insista- nunca puedo cerrar con la precisión que me gustaría. Mi brazo, a 90 grados, sostiene a un bebé que duerme plácido pero que durante la noche me despertó siete veces. Las conté. Algún día se la voy a devolver. Tal vez cuando vuelva de bailar a las 5 am y yo lo despierte a las 9. Pero falta mucho para eso. No hay gallo que canta puntual pero, con los ojos todavía cerrados y mi brazo dormido, escucho la serenata de animales. Una vaca que muge a lo lejos, el trote de un caballo, dos pajaritos que se declaran su amor en la rama que da justo a mi ventana. El motor de un tractor me sobresalta. Quiero levantarme pero -tres hijos después- aún no encontré la receta infalible para hacerlo sin que se despierte. Desde este lugar al que se llega por un camino de tierra con varias curvas, cruzando un guardaganado, pasando por una avenida de eucaliptos, empecé a escribir este blog, tres años atrás. Cada vez que vuelvo a este escenario donde todo comenzó, mi [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/donde-todo-comenzo/"><![CDATA[<p>Son las 6.43 am, apenas hay luz. Lo sé porque siempre se cuela el mismo rayo por la cortina que -aunque insista- nunca puedo cerrar con la precisión que me gustaría. Mi brazo, a 90 grados, sostiene a un bebé que duerme plácido pero que durante la noche me despertó siete veces. Las conté. Algún día se la voy a devolver. Tal vez cuando vuelva de bailar a las 5 am y yo lo despierte a las 9. Pero falta mucho para eso. No hay gallo que canta puntual pero, con los ojos todavía cerrados y mi brazo dormido, escucho la serenata de animales. Una vaca que muge a lo lejos, el trote de un caballo, dos pajaritos que se declaran su amor en la rama que da justo a mi ventana. El motor de un tractor me sobresalta. Quiero levantarme pero -tres hijos después- aún no encontré la receta infalible para hacerlo sin que se despierte. Desde este lugar al que se llega por un camino de tierra con varias curvas, cruzando un guardaganado, pasando por una avenida de eucaliptos, empecé a escribir este blog, tres años atrás. Cada vez que vuelvo a este escenario donde todo comenzó, mi corazón late diferente. El mío y el de ellos también.</p><span id="more-1925"></span><p>Todos tenemos un lugar en el mundo. El de ellos es acá y entonces el mio también. En este lugar los desayunos huelen diferente, no sé si es porque se toman cerca de la chimenea o porque se disfrutan sin prisa. El gallinero es el spot más deseado. Calzarse las botas para que no se mojen las medias con el rocío de la mañana y correr hasta ahí con la ilusión de volver con un manojo de huevos entre las manos es -para ellos- el mejor plan del mundo. Huevo revuelto, omelette o huevo duro, da igual. Lo que cuenta es que son huevos que ellos mismos juntaron con sus manos, no sin antes agradecer a la gallina que &#8211; generosa-  los empolló. De los arboles cuelgan naranjas, mandarinas y pomelos, y esta es la próxima parada. La cuestión es cómo agarrarlas. Dando un saltito certero, haciéndose caballito entre ellos o trepando, nomás. Esta última opción es la que siempre eligen. Desde lejos, pero no tanto, me gusta ver cómo se las arreglan para dar con la fruta. Escucho sus tácticas y estrategias y celebro el triunfo cuando sus manos -finalmente- atrapan el objetivo. </p><p>Este lugar es leña que se quema en la chimenea, olor a mandarina en la mano y mates a deshora. Es atardecer como acuarela, noches estrelladas y bichitos de luz. Cuando me quiero dormir, con el mismo brazo a 90 grados que sostiene al mismo bebé que duerme plácido, una lechuza hace su sonido y un par de grillos juegan a la mancha en la galería. </p><p>Es acá el lugar en el mundo de mis hijos, es acá donde, inspirada por sus colores, aromas y sonidos, todo comenzó.</p>]]></content>
		
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		<author>
			<name>Mechi Manrique</name>
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		<title type="html"><![CDATA[Pierdo todo. El pelo, también.]]></title>
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		<updated>2019-09-17T11:12:06Z</updated>
		<published>2019-09-10T18:49:55Z</published>
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		<summary type="html"><![CDATA[Sierra de la Ventana, año 1995, viaje de egresadas de septimo grado. Rebelde, algo agrandada, tengo ganas de teñirme el pelo de rojo caramelo de frutilla pero mi mamá no me deja. Quiero ser pelirroja. Bueno, me fui por las ramas. El cuento es que en ese viaje, de carpas, fogones y niñas adolesciendo, me olvido en la punta de una montaña mi mochila, con mi máquina de fotos y mi cantimplora. Me doy cuenta una vez que estoy abajo y cuando me doy vuelta veo la cima tan alta que desisto en volver. En aquél entonces no lo sabía, pero esta historia mínima marcaría el comienzo de una relación tensa y pasional con «los olvidos», que llegaría a su climax muchos años después, siendo madre de tres. Tengo la teoría de que, así como la maternidad es como un sacapuntas de virtudes, también tiene el poder -cruel, insólito e inapelable- de anular neuronas, aunque insistamos en disimularlo. Todos se dan cuenta de que no pensás igual que antes. No quiero decir «matar neuronas» porque tal vez sea un tanto catastrófico, pero entre nos, es así: confieso que tengo un par de neuronas menos en funcionamiento que aquél día fatídico [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/pierdo-todo-el-pelo-tambien/"><![CDATA[<p>Sierra de la Ventana, año 1995, viaje de egresadas de septimo grado. Rebelde, algo agrandada, tengo ganas de teñirme el pelo de rojo caramelo de frutilla pero mi mamá no me deja. Quiero ser pelirroja. Bueno, me fui por las ramas. El cuento es que en ese viaje, de carpas, fogones y niñas adolesciendo, me olvido en la punta de una montaña mi mochila, con mi máquina de fotos y mi cantimplora. Me doy cuenta una vez que estoy abajo y cuando me doy vuelta veo la cima tan alta que desisto en volver. En aquél entonces no lo sabía, pero esta historia mínima marcaría el comienzo de una relación tensa y pasional con «los olvidos», que llegaría a su climax muchos años después, siendo madre de tres.</p><span id="more-1717"></span><p>Tengo la teoría de que, así como la maternidad es como un sacapuntas de virtudes, también tiene el poder -cruel, insólito e inapelable- de anular neuronas, aunque insistamos en disimularlo. Todos se dan cuenta de que no pensás igual que antes. No quiero decir «matar neuronas» porque tal vez sea un tanto catastrófico, pero entre nos, es así: confieso que tengo un par de neuronas menos en funcionamiento que aquél día fatídico de 1995. </p><p>Nací despistada y con rodete, los años acentuaron esta tendencia y con hijos soy «Miss Olvido». Hace algunos días viajé en barco y me olvidé mi mochila en la cinta antes de embarcar. Seguí caminando mientras manejaba el cochecito hasta que hubo algo que me hizo ruido. ¿Por qué demonios tengo la espalda tan ligera si hace años que no viajo ligera? Cuando volví sobre mis pasos a reclamar mis pertenencias, la mujer policía, con un rodete engominado perfectamente atado (ni un pelito se le escapaba) y su boca escandalosamente roja y prolijamente pintada, me miró con el ceño fruncido, de arriba para abajo y de abajo para arriba. No tengo el don de leer pensamientos pero sé que me insultó para sus adentros. Quise explicarle que no duermo y estuve cerca de preguntarle si tenía hijos, por todo el asunto de las neuronas y eso, pero en vez supe callar, agarrar lo mio, sonreír amablemente y huir. </p><p>Pierdo el celular 27 veces por día, apoyo cosas en lugares insólitos como la pasta de dientes en el cajón de los corpiños y el frasco de café en la heladera. Me olvido de llevar pañales cuando salgo con mi bebé. Básico, Mercedes. Pañales. Pierdo cosas: el pelo cuando me baño y las neuronas a más hijos. Tomo el recaudo de anotar las cosas apenas se me vienen a la mente o de hacerlas inmediatamente. Es que el «después lo hago» no funciona más. Está comprobado. Pero a veces no alcanza. No encuentro el auto porque no sé dónde lo dejé estacionado y me sigo perdiendo en las rotondas porque la gallega del GPS me habla y me confunde. También sigo desorientándome a la salida del subte y a mí los mapas en vez de ayudarme me dan ganas de llorar. No sé si es que nací despistada o si es una mezcla de esto con las neuronas marchitas, esas que pasan a mejor vida con la maternidad. Lo alentador es que aún no me olvidé un hijo en ningún lado. Eso -para mí- es un montón.</p><p></p>]]></content>
		
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			<name>Mechi Manrique</name>
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		<title type="html"><![CDATA[Te acepto como sos]]></title>
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		<updated>2019-09-10T18:58:56Z</updated>
		<published>2019-09-03T21:42:02Z</published>
		<category scheme="https://lifeinpicsblog.com" term="#MartesDeRelato" /><category scheme="https://lifeinpicsblog.com" term="aceptar" /><category scheme="https://lifeinpicsblog.com" term="hijos" /><category scheme="https://lifeinpicsblog.com" term="martes de relato" /><category scheme="https://lifeinpicsblog.com" term="maternidad" />
		<summary type="html"><![CDATA[Estás embarazada, tenés los tobillos hinchados pero el pelo terso. Te volvés más egocéntrica pero ya no podés mirarte el ombligo. Qué paradoja. Mientras te tocás la panza fantaseás con mil cosas pero hay un pensamiento que tiene más fuerza que los otros. ¿Cómo será? Entonces empezás a construir a tu hijo a medida, inventás situaciones ideales con un hijo «de manual». Ese que se encaja a tiempo en la panza, que pasa por el canal de parto y sale -victorioso y a los gritos- de este lado del mundo. Fantaseás con lactancias sostenidas y maravillosas, con percentiles altos, un bebé rechoncho que crece al ritmo esperado. Que se sienta cuando todos los bebés se sientan y gatea cuando es esperable que un bebé lo haga. Que camina en tiempo y forma, que se adapta en sus jardines sin tanto escándalo , desenvuelto, con muchos amigos. Que lo inviten los viernes, que le guste el futbol y lo juegue los fines de semana. Idealizamos personalidades, características físicas, talentos. ¿Qué pasa si un hijo no es aquello que fantaseaste? No creo que sea facil pero hoy propongo aceptar a ese hijo que tal vez no encaje a la perfeccón con esa [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/hijos-a-medida/"><![CDATA[<p>Estás embarazada, tenés los tobillos hinchados pero el pelo terso. Te volvés más egocéntrica pero ya no podés mirarte el ombligo. Qué paradoja. Mientras te tocás la panza fantaseás con mil cosas pero hay un pensamiento que tiene más fuerza que los otros. ¿Cómo será? Entonces empezás a construir a tu hijo a medida, inventás situaciones ideales con un hijo «de manual». Ese que se encaja a tiempo en la panza, que pasa por el canal de parto y sale -victorioso y a los gritos- de este lado del mundo. Fantaseás con lactancias sostenidas y maravillosas, con percentiles altos, un bebé rechoncho que crece al ritmo esperado. Que se sienta cuando todos los bebés se sientan y gatea cuando es esperable que un bebé lo haga. Que camina en tiempo y forma, que se adapta en sus jardines sin tanto escándalo , desenvuelto, con muchos amigos. Que lo inviten los viernes, que le guste el futbol y lo juegue los fines de semana. Idealizamos personalidades, características físicas, talentos. ¿Qué pasa si un hijo no es aquello que fantaseaste?  </p><span id="more-1395"></span><p>No creo que sea facil pero hoy propongo aceptar a ese hijo que tal vez no encaje a la perfeccón con esa idea mental y perfecta que alguna vez tuvimos. Con esas cualidades que te gustan de vos y aquellas otras que no tenés pero que te hubiera gustado tener. Con los ojos claros del padre o el pelo lacio de tu abuela, con la nariz respingada de tu hermana y el sentido del humor de tu papá, Con las habilidades sociales y fìsicas de tu marido y, mientras te tocás la panza. te sonreís pensando en ese hijo a medida. A medida se hace un vestido. Los hijos son como son, con sus bondades y dones, con sus oscuridades y miserias, maravillosamente imperfectos. Abrazar a ese hijo tal cual es, sin intentar cambiar aquello que no entró en nuestro dibujo ideal, y hacerlo sentir valioso por eso que es -creo- es uno de los regalos más lindos que podemos darle. Prender fuego las expectativas, borrar los esquemas perfectos, no insistir en querer modearlos como nos gustaría, es un primer paso para que puedan salir al mundo con autoestimas sólidas y seguras. ¿No es acaso esto lo que queremos para ellos?</p><p>Poder ser felices viendo todo lo que son sin angustiarse por aquello que no son, no depositar en ellos las propias inseguridades ni pedirles que actúen como lo hace el de al lado. Pobres, cuánto peso. No es simpática como vos, no insistas. No le gusta jugar al futbol, no se lo impongas. No saca buenas notas como te gustaría, no lo compares. No le gusta hablar, no lo obligues. No resaltes la carencia, te propongo valorar lo que sí puede dar. Tener la sabiduría de descubrir su excepcionalidad aunque no se parezca a esa que alguna vez fabricamos es una buena manera de que ellos se sientan queridos y aceptados en su propia grandiosidad. Y una buena manera de ahorrarnos las horas de psicólogos infantiles, que en épocas difíciles como estas no es poca cosa, che.</p><p><!--StartFragment--></p>
<p><!--EndFragment--></p>]]></content>
		
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			<name>Mechi Manrique</name>
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		<title type="html"><![CDATA[EL LIBRO]]></title>
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		<id>https://lifeinpicsblog.com/?p=985</id>
		<updated>2019-09-03T21:35:14Z</updated>
		<published>2019-08-27T12:14:04Z</published>
		<category scheme="https://lifeinpicsblog.com" term="#MartesDeRelato" /><category scheme="https://lifeinpicsblog.com" term="libro de maternidad" /><category scheme="https://lifeinpicsblog.com" term="madres" /><category scheme="https://lifeinpicsblog.com" term="relatos de maternidad" />
		<summary type="html"><![CDATA[El árbol lo planté el año pasado. Estaba embarazada de mi tercer hijo pero todavía no lo sabía. Siempre quise tener un limonero, no sé si por los limones o por el limonero en sí. Me parecen buenmozos, elegantes, con personalidad. Quería uno el día que tuviera un jardín. Entonces lo planté. Ya me dio dos limones que usamos para alguna torta y para ponerle a la milanesa. Para mí la milanga va con limón. «Tengo el árbol plantado y tengo hijos», pensé. Y la idea -loca, fantástica, irreverente- de tener un libro propio, se me instaló en los laberintos de mis pensamientos. Y, pobre, nunca pudo salir. Yo creo que la tuve desde que supe que las letras y yo eramos buenas amigas, pero hay ideas que -así como aparecen- se mueren sin llegar a ver la luz. A veces las matamos sin darnos cuenta. Y entonces, un día, me hice cargo de esa idea. Pasó el tiempo y hoy la tengo -loca, fantástica-irreverente- en mis manos&#8230; Con mucha alegría te presento #MartesDeRelato, un libro que encierra relatos de maternidad que vengo escribiendo hace tres años, y algunos inéditos. Son relatos con ilustraciones mágicas que hablan tanto o más [&#8230;]]]></summary>

					<content type="html" xml:base="https://lifeinpicsblog.com/el-libro/"><![CDATA[<p>El árbol lo planté el año pasado. Estaba embarazada de mi tercer hijo pero todavía no lo sabía. Siempre quise tener un limonero, no sé si por los limones o por el limonero en sí. Me parecen buenmozos, elegantes, con personalidad. Quería uno el día que tuviera un jardín. Entonces lo planté. Ya me dio dos limones que usamos para alguna torta y para ponerle a la milanesa. Para mí la milanga va con limón. «Tengo el árbol plantado y tengo hijos», pensé. Y la idea -loca, fantástica, irreverente- de tener un libro propio, se me instaló en los laberintos de mis pensamientos. Y, pobre, nunca pudo salir. Yo creo que la tuve desde que supe que las letras y yo eramos buenas amigas, pero hay ideas que -así como aparecen- se mueren sin llegar a ver la luz. A veces las matamos sin darnos cuenta. Y entonces, un día, me hice cargo de esa idea. Pasó el tiempo y hoy la tengo  -loca, fantástica-irreverente- en mis manos&#8230;</p><span id="more-985"></span><p>Con mucha alegría te presento #MartesDeRelato, un libro que encierra relatos de maternidad que vengo escribiendo hace tres años, y algunos inéditos. Son relatos con ilustraciones mágicas que hablan tanto o más que las letras. Y no podía llamarse de otra manera. Aquél martes de invierno en el que escribí mi primer relato, con una copa de tinto y la chimenea de testigo, no sospeché jamás todo lo que iba a pasar. Eso es lo que más me gusta de todo: que la vida nos lleve a lugares insospechados, que dan vértigo, adrenalina, palpitaciones. Todo eso me genera este libro que no es otra cosa más que un enorme sueño personal cumplido.</p><p>En #MartesDeRelato, apuntes de maternidad, hay colores, sabores y aromas. Hay sonidos de infancia, fantasía y risas. Hay dolores, los del cuerpo y de los otros, pero también muchas alegrías. Hay humor y también ironía. En sus páginas están todos los sentidos alborotados y despabilados, corriendose unos a otros. Los cinco. Bueno, el sexto también.</p><p>Te invito a que te des un paseo por mi nueva web (lifeinpicsblog.com) y -si tenés ganas- ahí mismo está #MartesDeRelato a la venta. Qué feliz me pone que lo tengas en tu casa, que puedas olerlo, tocarlo, leerlo y releerlo. Reírte y llorar. Que sientas que mis letras también son las tuyas.</p><p>Gracias por todo,</p><p>Un beso</p><p>Mechi</p>]]></content>
		
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