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#MartesDeRelato

CUANDO LOS HIJOS DUERMEN

No creo que haya madre que no se acerque al cuarto de sus hijos para mirarlos, taparlos, acomodarles la almohada, levantarles el brazo que cuelga, bajarles la remera del pj, cerrar bien la cortina para que no amanezcan antes que el sol y darles el último beso de buenas noches, antes de -por fin- dar por cerrado el día. Me cuesta desplomarme en la cama y sentir esa adrenalina dulce y exhausta que me provoca esta escena épica, sin antes despedirlos en la oscuridad de la noche. Aunque ellos, que duermen plácidos y serenos, ni se enteren. ¿O sí? Sospecho que sí, que mi presencia sigilosa y mi beso en sus frentes, se siente aunque no lo sepan.

Y entonces, cuando al final del día voy en puntas de pie con la mirada fija en el piso para no patear ningún juguete musical – siempre hay algo que queda abandonado en el camino y que entorpece mis pasos, ayer fue Jessie, que empezó a gritar cuando le pisé su panza- y los veo con sus ojos entregados, los sueños bailando en sus entrecejos amodorrados y sus músculos dóciles. Es ahí, cuando el silencio se codea con algún ronquido profundo, que los veo. Los veo de verdad. Me veo.

Baja la guardia y también bajan los hombros, que vuelven a su lugar de origen después de horas de tenelos en tensión sin darnos cuenta. El estado de alerta cede el espacio hacia otro estado más amable, una fusión poderosa que combina contemplación y agradecimiento. Allí, en sus aposentos seguros y en su respiración lánguida, el drama pierde contundencia y el eje corrido se acomoda. Las catástrofes – como ese vaso que volcó sobre su plato recién servido- se desinflan, las mandíbulas se aflojan, los dedos indices se ablandan, los ceños se alisan. La culpa quiere rasguñarte. A veces lo lo logra, otras le ganás de mano y le corrés la cara. En ese momento la calma me abre bien los ojos y los veo niños, veo que nada de lo que hacen «me lo hacen», me arrepiento -una vez más- de esa paciencia que a veces se me escapa.

Cuando los hijos duermen el huracán de libertad compite con otro en donde vuelan dudas, preguntas, culpas, reclamos. Se te aparece de frente una dicotomía contradictoria. No te dan las piernas para bañarte-depilarte-cortarte las uñas-pintártelas- limpiarte la cara- charlar con tu marido- comerte un chocolate a solas en medio de una cocina oscura (oh, sí) -terminar trabajo- contestar mensajes- prender la tele- chequear que el gas haya quedado apagado- pero a la vez querés quedarte un rato más mirándolos dormir. ¿Qué es lo que se nos despierta cuando los vemos dormir?

Cuando los hijos duermen, la luz del pasillo que queda prendida, los juguetes que también duermen pero en el piso y sus pj´s de superhéroes, me recuerdan que esta casa huele a infancia y que vale la pena bailar el baile con swing y alegría, aún con vasos volcados y amaneceres -siempre- antes que el sol.

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8 comentarios

  • Comentar Adriana 26 noviembre, 2019 at 21:04

    Hermoso y muy cierto! ????

  • Comentar Luz 26 noviembre, 2019 at 21:16

    El tan esperado relato del martes, el relato de Mechi que a estas alturas te siento como una amiga, esa amiga que me entiende, que me guiña el ojo y me banca. Hermoso relato otra vez! Te leo y me veo, nos veo.

  • Comentar Roxana 26 noviembre, 2019 at 21:20

    Justo estoy así, mi terremoto se durmió y yo al fin libre para bañarme, antes espio las redes y me identifico plenamente con tu relato. Gracias Mechi. Me emociona siempre lo que escribis.

  • Comentar Hortensia 26 noviembre, 2019 at 21:34

    Espectacular!!! Siempre quiero leer tus posts completos y nunca llego!! Hoy me di el gusto y lo disfruté mucho ????????????????????????. Impecable tu ritmo cuando escribís!

  • Comentar Camila 26 noviembre, 2019 at 21:59

    Una maravilla leerte y disfrutar cada palabra de cada relato compartido. Una vez más , se me escapa un lagrimón y unas cuantas sonrisas , mientras mi niño duerme en mis brazos. Cuanta verdad tiene todo lo que decís , y cuanta magia hay en tu forma de escribir . Gracias por compartir !

  • Comentar Victoria Bunge 28 noviembre, 2019 at 08:23

    Ay estoy con lágrimas en los ojos. Gracias

  • Comentar Melisa 22 enero, 2020 at 22:33

    Que grosa por favor.

  • Comentar Astrid 28 julio, 2020 at 02:55

    Tal cual lo describís…así me siento..
    Gracias por compartirlo. Las culpas no pesan tanto cuando veo que son parte de ser madre…Igualmente me acompañarán siempre , porque nunca termino de leer el manual que nunca se escribió.

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