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#MartesDeRelato

cómo dormir a un bebé y no morir (de sueño) en el intento

Bienvenida a un tutorial escrito que puede cambiar tu vida, madre de ese pequeño remolón que te mira con su dos de oro en los ojos cada noche. La triste y célebre frase «dormir como un bebé» es una farsa. Alguien tenía que decirlo. Dormir como un bebé es dormir mal. Así que arranco diciendo que me cae pésimo quien inventó ese dicho pero, tranquila, a continuación te cambio la vida. Ponele.

Cae la tarde, todavía no son ni las 19 pero ya lo empezás a sentir. Ese nudo que, disimulado, se empieza a formar en la boca del estómago. Justo en el hueco que queda entre las costillas. Conocés la sensación porque merodea la zona cada atardecer. Ya leíste que las pantallas de noche están prohibidas, ya te contaron las bondades de las rutinas y de la importancia de repetirlas siempre igual. Ya escuchaste a esa mamá que dice bañarlo -como para ir poniéndolo en clima- darle de comer para después acostarlo en su cuna, cantándole un arrorró. El final del cuento te revuelve las tripas: «entonces lo dejo despierto y solito se queda dormido». La odiamos. Tanto como al que inventó esa frase desgraciada. Si sos de las mías, que no panda el cúnico. Tres hijos después aprendí que dormir a un bebé es un arte y que hay algunos detalles que no se te pueden escapar…

Tenés a la criatura en brazos, te balanceás mientras tarareás un tema inventado con una melodía que te suena. Al principio lo hacés con ritmo firme pero a medida que va entrecerrando los ojos te animás a ir bajando la intensidad. Nunca jamás frenar en seco. Esto arruinaría todo el trabajo. Siempre hay que ir haciéndolo despacito. Te hacés la relajada para transmitirle eso mismo pero en realidad te duele un omóplato y los brazos se te empiezan a dormir. Seguís bailando esa danza extraña procurando no hacer contacto visual. El eye contact asesina cualquier somnoliencia infantil. Estás parada bailando una danza rara con un tema que no queda claro bien cuál es pero igual te hacés la dormida. Tu mirada y la de tu bebé no pueden cruzarse nunca en esta instancia. Muy disimuladamente lo mirás de reojo y ves que tiene sus ojos cerrados pero su brazo todavía está tenso. Que no te gane la ansiedad. No es momento todavía de apoyarlo en su cuna. La ansiedad, otra arma letal en este trabajo de hormiga.

El chico está profundamente dormido cuando su respiración cambia y cuando su brazo cae con peso muerto. Probás y efectivamente su brazo se desploma con toda la ley de gravedad. Medio que te empezás a creer mil y cuando das un paso pateás esa pelota con luces y música que se pone a hacer su show escandaloso e inncesesario en medio de la oscuridad. Maldecís para tus adentros. Si hay algo que enseña la maternidad es a putear y a llorar para adentro. Así como estás te quedás quieta. tipo estatua, sin respirar. Respirar en estos casos también puede ser fatal. Justo en ese momento se escucha una sirena. No es de policía, es de bomberos. Una sirena furiosa e inoportuna. También puede ser un marido que grita un gol (me pasó y casi enviudo), un perro que ladra, un portazo o un mensaje en el celular de alguien que seguro no tiene hijos. Nunca te acordás de ponerlo en silencio. Todos ruidos que escuchás seguido pero que por alguna extraña razón en esos momentos pareciera como si tuvieran un amplificador.

Cuando finalmente estás en condiciones de apoyarlo en su cuna, te da taquicardia. Es un momento cúlmine. Pánico, adrenalina, rezos. Te saboreás la carne al horno con papas que está en el horno. Estás a punto de terminar un trabajo arduo, como ese punto final de un autor en su libro. Como la última pregunta de un examen oral. Como el instante que te zambullís abajo de una ola y no sabés si te vas a levantar medio en bolas. Firme, segura, con la panza para adentro para que no tire el ciático, te agachás lentamente, tus abdominales como roca, tu respiración interrumpida, tus dientes apretados. Lo apoyás y te quedan los brazos atrapados. Justo te pica. Qué pena, no podés rascarte. Los vas sacando milimétricamente, tu traste para afuera, tu rodete bien alto. Uno de los barrotes de la cuna cruje. Típico. Lográs salir ilesa y cuerpo a tierra abandonás la trinchera, chivada, despeinada, contracturada y hambrienta. Triunfante.

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6 comentarios

  • Comentar Pamela 22 octubre, 2019 at 22:25

    Jajaja sos una genia. En momentos donde la realidad es tan cruel, esta realidad es la única que disfruto leer, gracias por escribir tan Bello.

  • Comentar Yael 22 octubre, 2019 at 22:40

    Sin contar esas veces que ni bien lo apoyás, el pibito se da cuenta y te abre los ojos como platos! Ooootra vez a bailarle un tanguito jajaja! Gracias Mechi por plasmar la maternidad de esta manera tan bella!!!

  • Comentar Carolina 22 octubre, 2019 at 23:43

    Jajajaja muy genia!!! Tal cual!! Con palabras tan bonitas y graciosas!!!!

  • Comentar Clara Miguens 23 octubre, 2019 at 07:35

    Gracias, sos una genia total!!!! “se duerme solito” jajajjajajjajaja

  • Comentar Cat 25 octubre, 2019 at 12:04

    Lo único que me salió bien en estos dos años y medio de maternidad es que mi hija se duerma sola. Nada más que eso. Acompaño, leo cuentos, canto canciones y ángel de la guarda, y hasta mañana, adiós.(por supuesto que la vida misma ocurre, y a veces falla, pero nació de una necesidad de estar, por ejemplo, a la hora de la comida en el campo en verano, o en el copetín. Las madres siempre se los pierden, durmiendo a las criaturas, mientras los padres disfrutan los choris, las anécdotas y las papas fritas. No señor). En lo demás: paciencia, límites, comida sana, fallo una y otra vez, todos los días).

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